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| Iduna y sus manzanas: Cómo Loki puso a los dioses en peligro.
En Asgard había un jardín, en ese jardín creció un árbol y en ese árbol
crecieron manzanas brillantes. Ellos sabían por el bien amado, que cada
día que pasaba los haciá más viejos y les traería ese momento en que su
cuerpo se doblaría y los debilitaría, volvería sus pelos grises y
debiles de vista. Pero esas manzanas brillantes que crecieron dentro de
Asgard, y que sus moradores comieron, esas especiales manzanas, se
conviertieron en la fuente de la eterna juventud, quien las comía, no
se volvería viejo, y aunque el tiempo pasaba, sus cuerpos no envejecían
el día que ellos comían de los frutos dorados.
Iduna, la diosa, atendía al árbol de donde crecían las brillantes
manzanas. Ninguna de ellas crecía sin que ella la conociera y la
cortara en su punto exacto, nadie excepto ella podía arrancar del árbol
estas manzanas. Cada mañana ella las cortaba y las ponía en su cesta
que portaba en su mano izquierda, y a diario los dioses y diosas venían
a su jardín a comer su brillante manzana para así permanecer jovenes y
fuertes.

Iduna jamás había salido de su jardín, Todos los días ella permanería
en el huerto o en su casa de oro puro junto a el jardín, y cada día a
cada momento ella escuchaba a Bradi, su marido, contando la historia
que no tenía final, Ah, pero llegó el tiempo en que Iduna y sus
manzanas se perdieron para Asgard, y los Dioses y Diosas sentían a la
vejez acercandose, y de cómo sucedió eso, debe ser contado aquí,
queridos mios..
Odin, El Padre de los Dioses, a veces fue a la tierra de los hombres a
mirar como hacían sus cosas, Una vez se llevó a Loki con él, Loki, el
hacedor del bien y el hacedor del mal. Por un largo tiempo ellos
viajaron a través de el mundo de los hombres. Al final, ellos llegaron
cerca de Jötunheim, el reino de los Gigantes.
Esa era una vasta y vacía región. Allí no crecían cosas, allí, ni
siquiere arboles o arbustos. Allí no había aves, allí no había
animales. En cuanto Odin, El Padr e de los Dioses y Loki, el hacedor
del bien y el hacedor del mal, entraron a través de la región, se
dieron cuenta de que mucha hambre tenían dentro de ellos. Pero en toda
la tierra en torno a ellos no vieron nada que pudiese servirles de
alimento.
Loki, corriendo aquí y corriendo allá, vino finalmente a caer a la base
de un llano salvaje que servía de morada para los pocos animales de la
región, allí escondiendose, Loki logró atrapar un toro joven y lo mató.
Entonces el cortó en tiras de carne, prendió un fuego y puso la carne a
asarse. Mientras la carne era cocida, Odin, El Padre de los Dioses, un
poco apartado, se sentó pensando en las cosas que le había tocado ver
en el mundo de los hombres.
Loki que se mantenía ocupado a si mismo poniendo más y más pedazos de
carne al fuego, finalmente llamó a Odin, escuchando el llamado El Padre
de los Dioses vino y se sentó cerca del fuego para comer la carne.
Pero cuando las tiras de carne fueron sacadas de fuego y cortadas en
pedazos pequeños por Odin, el se dio cuenta de que seguía cruda, Él
sonrió a Loki pues pensaba que la carne ya estaba cocida, y Loki,
atribulado por pensar que había cometido un error, puso de nuevo la
carne al fuego, y no solo eso, sino que agregó más pedazos de maderos
al fuego para hacerlo más intenso. Otra vez Loki tomó la carne y llamó
a Odin para que comiera de la misma.
Odin, en cuando tomó la carne que le había dado Loki, encontró que
estaba tan cruda como si nunca hubiera sido puesta al fuego. "¿Es este
uno de tus trucos, Loki?" Le dijo.
Loki estaba muy hambriendo y la carne sin cocer, no le quedó más
remedio que explicarselo a Odin, el no estaba para juegos, en su enojo,
el puso de nuevo la carne al fuego y avivó el mismo, al cabo de unos
minutos de nueva cuenta sacó la carne del fuego y se la ofreció a Odin,
quien de nuevo se percató de que la carne estaba tan cruda como la
primera vez que fue sacada del fuego.
Ahora Odin sabía que la carne debía estár bajo algún encantamiento de
los Gigantes, Él se levantó y siguió su camino, hambriendo pero fuerte.
Loki, sin embargo, no se alejó de lugar ni dejó la carne que había
puesto otra vez en el fuego. "Se debería cocer" Declaró sin dejar ese
lugar hasta haber saciado su hambre.
El atardecer llegó y el sacó la carne de nuevo, en cuanto el empezó a
sacar la carne, escuchó el sonido de unas alas sobre su cabeza.
Volteando hacia arriba, el miró una mistica aguila, la más grande
aguila que haya aparecido en los cielos. El aguila voló en circulos en
torno a la cabeza de Loki. "No puedes cocinar tu comida?" Le gritó el
aguila.
"No puedo cocinarla." Dijo Loki.
"Yo la cocinaré por ti, si tu la compartes conmigo." Gritó el aguila
"Ven entonces, cocinala para mi." Dijo Loki.
El aguila voló en torno hasta que quedó frente al fuego. Entonces
moviendo sus grandes alas sobre él, hizo el fuego más grande llamarada
a llamarada. Un calor que Loki nunca había sentido estaba frente a él y
cocinaba las tiras de carne. En un minuto el tomó la carne y la retiró
del fuego para darse cuenta de que estaba bien cocida.
"Mi compartición, dame lo que me toca, dame lo que me toca." Le gritó
el aguila. Él miró hacia abajo y midiendo un pedazo grande de carne la
cortó y se la dio, solo para ser devorado instantaneamente. El midió
otro pedazo de gran tamaño y se la dio al aguila, así pedazo a pedazo
fue devorado por el gran animal, hasta que finalmente Loki se dio
cuenta de que no quedaba más carne para alimentarse a si mismo.
En cuanto el aguila tomó el último pedazo, Loki se dio cuenta de que
seguía con hambre, intentó atacar a el animal para freirlo en el fuego,
pero la fuerza de la gigantesca ave se lo impidió, más no por eso Loki
soltó al aguila, que levantó el vuelo con Loki asido a ella.
Después se dio cuenta Loki que estaba a millas y millas arriba por los
aires y que el aguila estaba volando hacia los confines de Jötunheim,
El reino de los Gigantes, y que el aguila le gritaba, "Loki, amigo
Loki, te tengo al fin, Has sido tu quien ha hecho trampa a mi hermano
con su premio por la construcción de la pared en torno a Asgard, pero,
Loki, Yo te tengo por fin, sabes ahora que Thiassi el Gigante te ha
capturado, Oh Loki, el más tramposo de los moradores de Asgard"
Así fue que el aguila gritó mientras iba volando con Loki hacia los
adentros de Jötunheim, El reino de los Gigantes. Ellos pasaron sobre el
rio que divide Jötunheim de Midgard, el Mundo de los hombros. Y ahora
Loki miró el terrible lugar que se aparecía frente a él, una tierra de
hielo y rocas. Grandes montañas que no eran iluminadas por soles o por
lunas, solo por unas altisimas columnas de fuego que estaban por todo
el reino y que daban apenas un poco de luz a las montañas.

Sobre un gran Iceberg se detuvo el aguila. En un momento el aguila
soltó a Loki y este cayó sobre el hielo. El aguila le gritó, "Tus artes
han caído bajo mi poder finalmente, Oh tu, el más tramposo de los
moradores de Asgard." El aguila dejó a Loki allí y voló a la cima de
una de las montañas.
Miserable fue Loki de hecho sobre ese iceberg. El frio era mortal, pero
el no podía morir allí, por que era uno de los moradores de Asgard y la
muerte no debía venir a él de esa manera. Él no debía morir, pero él se
sentía anclado al iceberg con cadenas de hielo.
Después de el día de su captura, esta vez no como aguila, sino en su
verdadera forma, Thiasi el Gigante vino a ver el rostro de Loki
"Podrías dejar este delgado iceberg, Loki," dijo, "y regresar a tus
placenteros aposentos en Asgard? Tu haces delicias en Asgard, aunque
sólo la mitad de tu ser pertenece a los Dioses. Tu padre, Loki, fue el
Gigante del Viento."
"Oh, yo debería dejar este iceberg." Dijo Loki, con lágrimas en su enfriada cara.
"Tu podrías dejarlo cuando estés listo para mostrarte a ti mismo que
puedes pagarme el precio por dejarte ir," Dijo Thiassi. "tu tendrás que
darme las resplandecientes manzanas que Iduna cuida en su cesta"
"Yo no puedo darte las manzanas de Iduna, Thiassi." Dijo Loki
"Entonces quedate sobre el Iceberg." Dijo Thiassi el Gigante. Este se
fue y dejó a Loki allí con el terrible viendo soplandole como golpea un
martillo.
Cuando Thiassi volvió y habló acerca de su recompensa, Loki dijo, "No
hay manera de obtener las manzanas resplandecientes de Iduna."
"Debe haber alguna manera, Oh tramposo Loki." Dijo el Gigante.
"Iduna, ella siempre guarda celosamente sus manzanas, es muy simple de
saber," Dijo Loki. "Puede ser que las consiga si la hago salir de las
paredes de Asgard, pero si ella sale, seguramente llevará las
resplandecientes manzanas con ella, nunca las deja lejos de su mano,
excepto cuando se las da a los Dioses y Diosas para comer."
"Haz que ella pase más allá de la muralla de Asgard," dijo el Gigante.
"Si sale de la muralla, yo podría tomar las manzanas de su canasta.
Jura por el árbol-mundo que tu harás que Iduna salga más allá de la
pared de Asgard, juralo, Loki, y yo te dejaré ir."
"Lo juro por el Ygdrassil, el árbol-mundo, que yo haré que Iduna salga
más allá de la pared de Asgard si tu me sacas de este iceberg."
Entonces Thiassi cambio su forma en una enorme aguila, y tomando a Loki
por sus talones, voló con él por encima del río que divide Jötunheim,
El reino de los Gigantes, de Midgard, el Mundo de los Hombres. Así
Thiassi dejó en el suelo de Midgard a su pasajero, y Loki entonces tomó
su camino hacia Asgard.
Para ese momento, Odin ya había regresadoa a casa y había contado a los
moradores de Asgard la anécdota en que Loki había intentado cocinar la
carne encantada. Todos se rieron pensando en que Loki se había quedado
hambriendo por todas sus trampas y travesuras. Entonces cuando el llegó
dentro de Asgard con pinta de limosnero, todos pensaron que habíado
porque Loki no había encontrado nada para comer, Todo rieron de él más
y más. Cuando el festín llegó a su fin, los moradores de Asgard fueron
a donde Iduna, como era costumbre.
Allí estaba sentada Iduna en su casa dorada que daba al jardín. No
había alguien en el Mundo de los Hombres que la hubiera visto sin
recordar por siempre su inocencia, su mirada tan justa y su bondad,
tenía ojos azules, como el azul del cielo, y la sonrisa que ella tenía,
hacía recordar cosas que los hombres amaban y a ella le encantaba
escucharlo. La canasta de resplandecientes manzanas estaba junto a ella.

A cada uno de los Dioses y Diosas Iduna le dio una manzana
resplandeciente. Cada uno comió la manzana que le había sido dada,
regocijandos de saber que de esa forma jamás de volverían viejos.
Entonces Odin, El Padre de los Dioses, dijo las runas que él siempre
decía en bendición de Iduna, y los moradores de Asgard salieron del
jardín, cada uno se fue a su propia casa resplandeciente.
Todos se fueron, excepto Loki, el hacedor del bien y el hacedor del
mal. Loki se sentó en el jardín, mirando justa y simplemente a Iduna,
después de un momento ella le habló y le dijo, "¿Por qué tu sigues
aquí, sabio Loki?"
"Para mirar a tus manzanas," dijo Loki. "Me preguntaba si las manzanas
que vi ayer son en realidad resplandecientes como lo son las de tu
canasto."
"No hay manzanas en el mundo tan resplandecientes como las mias." dijo Iduna.
"Las manzanas que yo vi eran aún más resplandecientes," dijo Loki. "Ay, y olían mejor Iduna."

Iduna estaba atribulada por lo que Loki sabiamente le había comentado.
Sus ojos, llenos de lágrimas por haberse enterado que había manzanas
más resplandecientes y con mejor olor que las de ella. "Oh Loki," dijo
ella, "eso no puede ser. Ninguna manzana es más brillante, y ninguna
huele más suave que las manazas que yo arranco del árbol de mi jardín."
"Ve entonces y mira por ti misma," dijo Loki. "Justo afuera de Asgard
está el árbol de manzanas que yo vi. Tu, Iduna, nunca has dejado tu
jardín, y es por eso que tu no conoces lo que crece en el mundo. Ve
afuera de Asgard y miralo."
"Yo voy a ir, Loki" dijo Iduna, la justa y sencilla.
Iduna salió fuera de la pared de Asgard. Ella salió del lugar para ver
las manzanas que crecían allí. Pero ella miró aquí y allá, Iduna
escucho el sonido de unas alas sobre ella, y mirando hacía arriba, vio
una gran ave, el aguila más grande que jamás haya parecido en el cielo.
Ella quiso volver hacia las puertas de Asgard, entonces el aguila se
fue en picada; Iduna sintió su cuerpo levantado y entonces se dio
cuenta que estaba siendo cargada y llevada de Asgard, lejos, lejos, muy
lejos por arriba de Midgard donde vivían los hombres, lejos, sobre las
rocas y la nieve de Jötunheim. Cruzando el río que flota entre El Mundo
de los Hombres y El Reino de los Gigantes, allí se encontraba Iduna.
Entonces el aguila bajó a un llano entre las montañas e Iduna fue
dejada en un salón cavernoso iluminado por columnas de fuego que salían
desde la tierra misma.
El aguila puso su ala sobre Iduna y esta, cayó sobre el suelo rasposo
de la caverna. Las alas y las plumas cayeron y entonces ella pudo ver
frente a si misma a el terrible Gigante.
"Oh, por qué tuviste que cargarme desde Asgard hasta aquí." Lloró Iduna.
"Eso es por que yo quiero comerme tus manzanas." Dijo Thiassi, el Gigante.
"Eso jamás podre ser, porque no pienso darlas a alguien como tu." Dijo Iduna.
"Dame las manzanas para comermelas, y yo te llevaré de vuelta hasta Asgard."
"No, no, eso no puede ser. He jurado muy ciertamente que las
resplandecientes manzanas solo serían otorgadas a los Dioses y a nadie
más que ellos."
"Entonces yo tendré que quitarte esas manzanas con mis propias manos." Dijo Thiassi el Gigante.
El tomó la canasta de las manos de Iduna, la abrio, pero cuando el tocó
las manzanas, estas se marchitaron y pudrieron entre sus manos. Él la
dejó de nuevo dentro de la cesta y bajó la misma al suelo porque sabía
que ahora las manzanas no le servirían si no eran dadas por Iduna misma.
"Tu deberás quedarte aquí conmigo hasta que me des una de tus resplandecientes manzanas." Él le dijo.
Y allí se quedó Iduna, aterrorizada, aterrorizada en medio de la
extraña caverna y extraña por el fuego que salía y quemaba el aire,
pero sobre todo estaba aterrorizada por el terrible Gigante. A eso
habría que sumarle su preocupación de saber la tempestad que habría de
caer sobre los Moradores de Asgard si ella no era devuelta a ellos para
darles de comer sus resplandecientes manzanas.
El Gigante vino de nuevo a ella. Pero Iduna siguió en su postura de no
entregarle por ningún motivo esas manzanas. Y allí en la caverna ella
siguió, el Gigante la molestaba y atribulaba cada día, y en ella crecía
más y más el miedo de mirar ante sus ojos a los Moradores de Asgard
acudiendo al jardín, estando allí y sin recibir sus manzanas
resplandecientes, sintiendo y mirando los cambios llegando sobre ellos,
haciendose cada día un poco más viejos.
Eso era lo que Iduna vería en sus sueños. Cada día los Moradores de
Asgard iban a su jardín --Odín y Thor, Hödur y Baldur, Tyr y Heimdall,
Vidar y Vali, con Frigga, Freya, Nanna, y Sif. Pero no había nadie allí
para arrancar las manzanas de su árbol y los cambios de la vejés
llegaban cada día sobre los Dioses y las Diosas.
Ellos ya no caminarían ligeros; sus hombros se harían pesados; sus ojos
no tendrían el brillo de siempre. Y cuando ellos miraran el uno al
otro, mirarían cuanto han cambiado. La edad llegaría sobre los
Moradores de Asgard.
Sabrían que llegaría el momento en que verían a Frigga con mechones
blancos, viejo, realmente viejo, cuando el cabello dorado de Sif se
caería; cuando Odin no tendría más la visión clara y la sabiduría le
empezaría a fallar, y cuando Thor no tendría la fuerza suficiente para
pararse y tirar sus rayos. Y los Moradores de Asgard entristecerían por
su conocimiento de que el brillo se iría de su resplandeciente ciudad.
¿En dónde está Iduna con sus manzanas para devolver la juventud y la
fuerza y la belleza a los Moradores de Asgard? Los Dioses la habían
buscado por todo El Mundo de los Hombres. Ni una pista de su paradero
pudieron encontrar, pero Odin con toda su sabiduría, supo ver que
podría encontrar el lugar donde Iduna había sido escondida.
Él invocó a sus dos cuervos, Hugin y Munin, sus dos cuervos que volaban
a través de la tierra y a través del Reino de los Gigantes y que sabían
todas las cosas que habían pasado y las cosas que habían por
venir. Él invocó a Hugin y Munin y ellos acudieron, y uno se
sentó sobre su hombro derecho y el otro se sentó sobre su hombro
izquierdo y le dijeron oscuros y profundos secretos; ellos le contaron
sobre Thiassi y de su deseo por tener las resplandecientes manzanas que
los Moradores de Asgard comían, y de Loki y su traición a Iduna, la
justa y la simple.
Cuando Odín escuchó de sus cuervos, se declaró un Concilio de los
Dioses, Entonces Thor el Fuerte fue a donde Loki y empezó a ahorcarlo
con sus manos. Cuando Loki se encontró a si mismo asido por las manos
fuertes del Dios del Trueno, el dijo, "¿Qué es lo que tienes conmigo,
Oh Thor?"
"Debería estrangularte y enterrarte en el piso, qumarte con uno de mis
rayos," dijo el fuerte Dios. "Has sido tu quien ha hecho que Iduna
salga de Asgard."
"Oh Thor," Dijo Loki. "No me golpees con tu trueno. Dejame estár en
Asgard. Yo idearé algo para ganar de nuevo a Iduna de vuelta."
"El juicio de los Dioses," dijo Thor, "es que tú, el más tramposo,
debes ir a Jötunheim, y con tus trampas, traigas de vuelta a Iduna
desde la tierra de los Gigantes. Ve o si no, yo me veré obligado a
cumplir mi amenazas y te he de rostizar con uno de mis justos rayos."
"Iré" dijo Loki.
De Frigga, la esposa de Odín, Loki pidió un vestido de plumas de
halcón. El se lo puso y antes de que alguna palabra saliera de su boca,
ya se encontraba volando hacía Jötunheim en la forma del halcón.
El buscó a través de Jötunheim hasta que encontró a la hija de Thiassi,
Skadi. El voló tras de Skadi y dejó a la dama Gigante atraparlo y
retenerlo como su mascota. Un día, la dama Gigante lo cargó hasta la
caverna donde Iduna, la justa y la simple era cautiva.
Cuando Loki miró a Iduna supo que esa parte de su aventura estaba
terminada. Ahora el tenía que llevar a Iduna fuera de Jötunheim y hasta
las paredes de Asgard. El no estuvo más con la dama Gigant, voló sobre
las altas rocas de la caverna, Skadi lo buscó por un rato, pero al poco
tiempo desistió olvidando a su halcón en la caverna.
Entonces Loki, el hacedor del bien y el hacedor del mal, voló a donde
Iduna estaba sentada y le habló. Iduna, cuando vio que uno de los
Moradores de Asgard estaba cerca, saltó de alegría.
Loki le dijo que era lo que ella debía hacer. Por el poder del hechizo
que se le habá dado, el era capaz de ambiar en la forma de un gorrión.
Pero antes de eso, ella tomó la canasta de manzanas y las esconfió en
un lugar donde el Gigante Jamás las encontraría.

Skadi, volviendo a la cueva, vio al halcón volar con el gorrión junto
de él, Ella lloró hasta donde estaba su padre, quien así imaginó que el
halcón era Loki y el gorrión era Iduna. El cambio su propia forma en la
forma de aquella aguila mistica. Para ese momento, el halcón y el
gorrión estaban fuera de la viste, pero no había necesidad de
preguntarse a donde irían, pues resultaba lógico que el destino común
era Asgard, y sabiendo que el podía volar más rápido, se fue como una
flecha directo a la Ciudad de los Dioses.
Pronto les logró ver, Ellos volaban delante y el poder de la mitica
aguila les daba alcance, cada momento un poco más, se acerca y se
acercaba. Los Moradores de Asgard, parados en las puertas de la ciudad,
miradon el halcón y el gorrión, pero justo detrás de ellos el aguila, a
punto de darles alcance. Ellos sabian que eran Loki, Iduna y detrás de
ellos, en persecusión, Thiassi.
En cuanto vieron esa aguila ganando terreno, los Moradores de Asgard
temieron por el halcón y el gorrión, pues podían ser atrapados y
Thiassi así tendría de nuevo a Iduna en sus manos. Ellos entonces
lanzaron fuego a través de los aires, sabiendo que Loki encontraría la
forma de pasar entre ellos, llevando consigo a Iduna, pero Thiassi, por
su tamaño, le sería imposible.

El halcón y el gorrión volaron entre el fuego, Loki fue en medio de las
glamas y llevó consigo a Iduna. Thiassia, viendo la dificultad y sin
encontrar camino a través de ellos, no pudo más que batir sus alas
contra las flamas. Finalmente Thiassi se vino abajo y la muerte llegó a
él, mientras que Loki hacía tierra ya en Asgard.
Entonces Iduna fue devuelta a Asgard. Una vez más, ella se sentó en su
casa dorada que daba a su jardín, una vez más ella arrancó las
resplandecientes manzanas de su árbol, una vez más ella se las dio a
los Moradores de Asgard. y los Moradores de Asgard caminaron ligeros, y
el brillo llegó a sus ojos y el rubor a sus mejillas, la edad no se
aproximó a ellos, la juventud volvió, alegría y sonrisas vivieron de
nuevo en Asgard.
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| La construcción de la muralla.
Siempre ha habido guerra entre los Gigantes y los Dioses, los Gigantes
que habrían destruido al mundo y a la raza de los hombres, y los Dioses
que habrían protegido a la raza de los hombres y que habrían hecho el
mundo más hermoso para vivir.
Hay muchas historias que en estas cuatro paredes a las que llamamos
hogar se hablan de los dioses, pero lo primero que se debe contar es
como se edificó su gran ciudad.

Los Dioses habían hecho su rincón sobre una alta montaña y allí
decidieron construir una alta ciudad para protegerse a si mismos de los
Gigantes, allí hicieron su ciudadela que nadie podría alcanzar, que
nadie podría derrocar. A esta ciudad, la llamaron "Asgard" que
significa "El lugar de los dioses". La construyeron en un llano hermoso
que estaba en el tope de la alta montaña y no contentos con eso,
deseaban, además, levantar una pared, la más alta y más fuerte que
había sido erigida alguna vez
En los días en que los Dioses comenzaban a contruir sus pasillos y sus
palacios, un ser extraño vino a ellos, Odín el Padre de los Dioses, fue
y le plantó cara diciendole: "¿Qué es lo que quieres en la Montaña de
los Dioses?" Él preguntó al extraño.
"Yo sé qué está en la mente de los Dioses," Comentó el extraño. "Ellos
quieren edificar una ciudad aquí. Yo no puedo construir palacios, pero
puedo construir una gran pared que nunca será derrumbada. Dejenme
construir la pared en torno a su ciudad".
"¿Cuánto te tomará el construir una pared en torno a nuestra ciudad que jamás sea derrumbada? Dijo el Padre de los Dioses.
"Un año, Oh Odín" Dijo el extraño.
Ahora bien, Odín sabía que si una gran muralla era levantara en torno a
la Ciudad de los Dioses, no habría necesidad de que estos gastaran gran
parte de su tiempo cuidandola y defendiendola de los Gigantes, y así,
quedaría protegida por si sola. Y sabía, además, que si Asgard estaba
protegida, el mismo podría ir a ver a su amada raza de hombres a
enseñarles y ayudarles. Él pensaba que no habría pago que el extraño
pidiera que se pudiera considerar como excesivo por construir la
majestuosa pared.
Ese día, el extraño vino al Concilio de los Dioses, y les aseguró que
en un año el debería tener una gran muralla construida en torno de
Asgard. Entonces. Odín hizo la promesa de que los dioses le darían lo
que el pidiese como pago si la pared era terminada hasta la última
piedra para un año a partir de ese día.
El extraño se fue y volvió al día siguiente muy de mañana, ese fue el
primer día de verano, ese fue el día en que comenzó el trabajo. El
trajó consigo solamente su caballo, si, su caballo y nada más que eso,
ninguna herramienta, ningún mapa o plano, solo su gran caballo.

Los Dioses pensaron al verlo que el caballo solo tendría uso como un
simple animal para recoger carga, ya sea piedra o algún otro material
para construir la pared. Pero el caballo hizo mucho más que eso. Él
puso las piedras en su lugar y las unió. Y día y noche, y luz y
oscuridad el caballo trabajó, y pronto una gran pared se erigió en
torno a los palacios de los Dioses que aún estaban construyendose.
"¿Qué premio desea el extraño por hacer ese trabajo por nosotros?" Los dioses se preguntaban entre sí, sin saber la respuesta.
Odín fue al extraño. "Nosotros nos hemos maravillado por tu trabajo, y
por la forma tan poco común de usar a tu caballo," Él dijo. "Nadie
puede dudar que una gran pared será la que rodee a Asgard cuando llegue
el primer día de verano del año que viene. ¿Qué recompensa es la que
reclamas, extraño? Nosotros la tendremos lista para ti"
El extraño volteó su rostro del trabajo que estaba haciendo, dejando al
gran caballo apilando los bloques de piedra. "Oh, Padre de los Dioses",
él dijo con voz fuerte y llena de furia, "Oh Odín, la recompensa que yo
pediría por mi trabajo es el Sol y la Luna, y Freya, quien cuida
de los flores y los campos, para desposarla"
Cuando Odín escuchó la terrible furia con la que el extraño le reclamó
el precio, le indicó entonces que lo que sugería estaba más allá de
todos los precios. Él fue a donde los demás Dioses estaban también
construyendo sus propios palacios dentro de la majestuosa ciudad de
Asgard, y les comentó la recompensa que el extraño pedía y así les
dijo: "Sin el Sol y la Luna, el mundo estará a la deriva de nuevo". Y
las diosas dijeron, "Sin Freya todo será desértico en Asgard"

La única opción sería entonces que el extraño no terminase su obra para
el día en que debía reclamar su premio. Pero nadie siquiera lo
mencionó, ningún Dios de la compañia habló, Solo él, el más malicioso,
el más travieso de los dioses, Loki, el hacedor del bien y el hacedor
del mal. Aquel que solo tenía la mitad de su sangre de dios, pues su
padre habría sido el Gigante del Viento. "Dejen que el extraño edifique
su pared en torno a Asgard," Dijo Loki, "Y yo encontraré la manera de
que decline del reclamo que ha hecho a los dioses. Vayan a él y diganle
que la pared debe estar terminada hasta la última piedra para el primer
día de verano, y en caso de que no sea así, en caso de que no se haya
terminado hasta la última piedra, el precio que él pide no le será
entregado."
Los Dioses fueron a donde el extraño y le comentaron que en caso de que
no fuera terminado el trabajo hasta la última piedra, para el primer
día de verano, no habria Sol y Mani, no habría Sol y Luna, no habría
Freya, no se le sería entregado nada a él. Y fue entonces que se supo
que el extraño, era en realidad uno de los gigantes.
El Gigante y su gran caballo apilaron la pared mucho más rápido que
antes. Durante la noche, mientras el Gigante dormía, el caballo seguía
trabajando en la pared, colocando piedra y pegandola a la pared con su
gran fuerza, Y durante el día a día, la pared iba creciendo y creciendo
en torno a Asgard.
Pero los dioses no tenian regocijo al ver que la gran pared se
levantaba cada vez más alta en torno a sus palacios. El Gigante y su
caballo podrían finalizar su trabajo para el primer día de verano, y
entonces podrían tomar a Sol y Luna, quienes estaban en lugar de Sol y
Mani (que habían sido devorados por los lobos) y a Freya lejos, a la
tierra de los Gigantes.
Aún con todo esto, Loki no se veía acongojado, el seguía diciendole a
los dioses que encontraría la manera para prevenir que el trabajo fuese
terminado, el sabría la manera de que el Gigante y su gran caballo no
terminasen el trabajo, haría además que el Gigante no se llevara el
terrible precio que había pedido a Odín y que el Padre de los Dioses le
había prometido.
El tiempo pasó subitamente, y solo tres días faltaban para el primer
día de verano, toda la pared había sido terminada, con la excepción del
puente de entrada, sobre el mismo, una piedra aún no había sido puesta
en su lugar. El Gigante, al ver esto, se fue a dormir, solamente dejó a
su caballo para que dispusiera de la última gran piedra, pues este se
encargaría de colocarla al siguiente día por la mañanam y así,
finalizar el trabajo dos días antes de la fecha establecida.

Entonces sucedió que fue una hermosa noche, iluminada por una hermosa y
brillante luna, Svadilfare, el Gran Caballo Gigante, se encontraba
jalando la gran piedra que debía ser puesta en su lugar cuando vio algo
pequeño galopando en torno a él. El gran caballo no había visto en su
vida una yegua tan pequeña y tan linda, y no pudo evitar verla con
sorpresa.
"Svadilfare, esclavo" Dijo la pequeña yegua a el gran caballo mientras pasaba a su lado.
Svadilfare dejó caer la roca que estaba jalando y llamó a la pequeña
yegua. Ella vino a él. "¿Por qué tu me llamas Svadilfare, esclavo?"
Dijo el gran caballo.
"Porque tu tienes que trabajar día y noche para tu amo," dijo la
pequeña yegua. "El te mantiene trabajando, trabajando, trabajando, y
nunca te deja disfrutar a ti. No te atreverías a dejar ese piedra y
vendrías a jugar conmigo"
"¿Quién te dijo que no me atrevería a hacerlo?" Dijo Svadilfare.
"Yo sé que no te atreverías a hacerlo," Dijo la pequeña yegua, y ella
golpeó el piso y salió corriendo a través de la luz de la luna.
La verdad es que Svadilfare estaba cansado de trabajar día y noche.
Cuando él miró a la pequeña yegua, fue galopando y olvidó su
descontento. Él dejó la piedra que estaba jalando en el piso, observó
alrededor y miró a la pequeña yegua justo detrás de él, y galopó
tras de ella...
El jamás le dio alcance, la pequeña yegua corría con una agilidad
inmensa, ella seguía engañandolo, mientras avanzaba delante. Ella
seguía corriendo a través de las tierras iluminadas de forma brillante
por la luz lunar, cambiando su rumbo y mirando atrás una y otra vez a
el gran Svadilfare, quien venía pesadamente detrás de ella. Montaña
abajo fue la pequeña yegua, y Svadilfare, quien ahora se regocijaba en
su libertad recien ganada y en la frescura del viento y el olor de las
flores, la siguió montaña abajo. Con la luz de la mañana el vino cerca
de una cueva en donde ya lo esperaba la pequeña yegua. Entraron juntos,
entonces Svandilfare atrapó a la pequeña yegua y ambos se fueron a
vagar, y en su viaje, la pequeña yegua le contaba historias a
Svadilfare sobre Enanos y Elfos.
Ellos llegaron a una gran gruta y allí estuvieron, la pequeña yegua
jugaba amablemente con el gran caballo, y así Svadilfare olvidó el
tiempo, que pasó de forma por demás rápida. Y mientras que ellos
estaban escondidos en la gruta, el Gigante estaba de arriba a abajo,
buscando a su tan amado gran caballo.
El había venido a la pared en la mañana, esperando poner la última
piedra con la ayuda de su caballo, para así finalizar el trabajo, pero
la piedra que había que poner en posición no estaba cerca, y él solo no
tenía la fuerza para colocarla. Llamó a Svadilfare, pero su gran
caballo no llegó. Desesperado empezó a buscarlo, y buscó por toda la
parte baja dela montaña, y en las cercanías, buscó en la tierra de los
hombres, y en la tierra de los Gigantes, pero no pudo encontrar a
Svadilfare.
Los Dioses vieron el primer día de verano llegar y el puente de entrada
de la pared aún no había sido terminado Ellos dijeron uno a otro que si
el trabajo no estaba terminado para el atardecer, no tendrían la
necesidad de entregar a el Sol y la Luna al Gigante, y la dama Freya se
quedaría en Asgard y no sería la esposa de el extraño Gigante. Las
horas del primer día del verano pasaron y el Gigante no pudo llevar la
piedra a su lugar en la entrada del puente, y así, él se presentó ante
los Dioses.
"Tu trabajo no ha sido terminado," Odín exclamó. "Tu nos has forzado a
dar nuestra palabra y ahora nosotros te forzamos a cumplir la tuya, no
podrás llevarte a Sol y Luna, tampoco a la dama Freya"
"He sido yo quien ha hecho esta pared, yo mismo he de destruirla," Dijo
el Gigante. Él intentó golpearla y tirarla abajo y aplastar los
palacios con ella, pero los Dioses le pusieron sus manos encima y lo
sostuvieron hasta sacarlos fuera de la pared que el mismo había
construido. "Vete, y no molestes más a Asgard," Mandó Odín.
Entonces Loki regresó a Asgard, y le contó a los Dioses como él se
había transformado a si mismo en la pequeña yegua y había llevado lejos
a Svadilfare, el gran caballo del Gigante. Y los dioses se sentaron en
sus palacios detrás de la gran pared y se regocijaron de que su ciudad
era ahora segura, y que ningún enemigo podría nunca entrar o tirarla.
Pero Odín, el Padre de los Dioses, en cuanto se sentó en su trono, fue
estremecido por una tremenda tristeza en su corazón, tristeza de que la
pared hubiera sido construida en base en un truco, en una trampa, las
reglas se habían torcido, y ahora, había injusticia en Asgard.
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